La mujer en su sacrificio de proteger a los hijos llega el momento en que se deja de proteger a sí misma, muchas veces se siente desmerecedora de la propia ayuda que ellos le puedan brindar, se niegan a aceptar su dinero y hasta su propia comida, se niega a ella misma la necesidad de dejarles volar y aunque inconsciente de ello es capaz de enfermar y en contradicción con sus deseos los retienen para de algún modo recibir la propia atención que antes negaban de ellos, en consecuencia, el hijo no recibe de mano de sus padres, generalmente la madre, el poder de asumir conscientemente el papel de sustentador de su propia familia y el cuidado de sus padres, mantiéndolos bajo su visión y por ende en su inconsciente como "el niño" al que aún se debe.
"Todo se lo doy a mis hijos" los hace egoístas hasta de su propia felicidad y llega el día en que cuando otra vez se ven solos lejos de un matrimonio ideal porque este no les brinda la misma protección del hogar materno se sienten inseguros y desprotegidos, como niños.

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