26 de mayo de 2013
Como te veo a ti, así soy
yo.
¡Cuánto
tiempo me costó asumir lo cierto de esta frase, y hablo en primera persona para
asumir toda responsabilidad en lo que digo.
Podría
haber dicho "cuánto cuesta asumir...." pero voy a hablar en primera
persona como lo sugiere el Maestro Mauricio Kruchik.
Pues
bien, yo siempre hablo de sentimientos, es lo mejor que sé hacer. Cómo me
sentía cuando no era capaz de ver el espejo, señalando al prepotente,
criticando siempre al otro, tú...tú ...tú. Desvalorizaba a quién no estaba de
acuerdo con mi forma de pensar, así en vez de provocar una guerra me agredía a
mí misma. Sentía como eso corría por mi interior, por mi cuerpo y
opté un día por ponerme en el lugar de cada persona a quién señalé, me di
cuenta que yo en su lugar habría hecho y dicho exactamente lo mismo, que habría
mantenido cada palabra, cada acusación aunque fuera por "no permitir que
me pisotearan", aún sintiendo que estaba equivocada.
Me
vi de pronto reflejada en mi propio espejo y me asusté con lo que vi, desde ese
día, mi vida dio un vuelco y todavía hoy tengo mucho que remover claro, pero
comprendí que la realidad de cada cual puede ser distinta a la mía y que cada
persona estaba en su derecho de aprender de la suya.
Desde
entonces he comenzado a encontrar gente maravillosa en mi vida, personas que
sólo se acercan para que les escuche, me quedo cada vez sorprendida, es como si
necesitaran recibir un apoyo y a mí me encanta, porque veo que voy creciendo
junto a esas personas.
Tengo
amigos negros como yo, que se sienten rechazados por ser negros y otros que no,
yo siempre les digo, mira a los demás desde tus ojos y no desde tu piel. Es
bonito ver como la percepción del mundo puede cambiar desde mi propia
seguridad y desde mi mirada interior.
No
siento que nadie me ataca, porque yo no les cuestiono y desde entonces soy más
alegre y me da igual cómo seas tú, si soy capaz de escucharte.
Si
ves nobleza en mí, es porque tú también lo eres...le decía ayer a mi amiga,
respeto su intimidad, hablaba con ella y me sorprendía a mí misma de cuán
bonita puede ser una amistad sin prejuicios, hasta nos emocionamos al
reconocernos la una en la otra, fue grandioso y esta palabra fue demasiado
pequeña para la conexión que allí había.
Sólo
tenía que dejarla entrar en mí y así sin quererlo también yo entré en
ella.
¿Por
qué escribo esto? porque la sensación que tuve fue tan inmensa que no podía
quedármela para mi sola, no puedo, y si algo de esto le sirve a otras personas
a dar un primer paso mejor, yo sólo puedo enseñar con el ejemplo.
El
espejo en que decido mirarme puede estar empañado o reluciente, yo decido, yo
ya escogí. Asumo mis imperfecciones para que sean perfectas.


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