2 de diciembre de 2013
Hoy
se me ocurre hablar de la muerte, cerca está el día del fallecimiento de mi
abuela Quirina, no recuerdo el día ni el año, sé que fué hace más de 14 años
por estas fechas, el tiempo que llevo viviendo aquí, me cuesta mucho
contabilizar el tiempo, en fin...
Yo
no soy empática con la muerte, es algo que no siento en lo profundo, no sufro
por el que muere, cuando murió mi abuela, no sentí ese profundo dolor que otros
quizás sientan y no sé cómo debería expresar ante los demás ese sentimiento
empático. ¿Se supone que debo llorar, desgarrarme? Pues no lo siento. Es como
si algo en mis adentros me dijera. Mira qué bien, ya se fue a un lugar mejor,
ya no va a sufrir más.
La
muerte es algo que no veo con asombro, lo vivo con normalidad, me llega el
llanto si, pero porque veo a otros llorar, mi empatía es por el que se queda,
no por el que se ha ido.
Cuando
murió mi abuela, mi padre cantó en su funeral y una prima mía fingió un
desmayo, imagino que fue porque alguien debía llorar y ella asumió ese papel,
hasta que uno de mis hermanos le dijo que se dejara de hacer papelazos,
ahí se acabó todo. No me enseñaron a llorar la muerte de otros, me enseñaron a
llevarlos en el corazón con su recuerdo.
Esa
madrugada, si porque en Cuba se velan los muertos toda la noche, esa madrugada
no faltaron los cuentos de mis hermanos y las carcajadas de los otros, y las
miradas inquisidoras del velatorio de al lado, vivimos su muerte como ella nos
enseñó a vivir su vida, con alegría. Mi abuela Quirina era capaz de reunir para
su cumpleaños, los fines de años, cada fin de semana que se le ocurriera y cada
día de las madres, a todos sus nietos y bisnietos que iban naciendo. Así
era mi abuela, y no murió hasta que no llegó junto a su cama el último de sus
nietos. Creo que nadie en la familia excepto una tía mía, su hija, sabe donde
está su tumba, porque nunca más fuimos allí, no es así como la recordamos
La
muerte llega, es un pacto concertado antes de la vida. El que muere por un
accidente casi nunca se entera, sólo le sucede, peor es el que queda vivo y con
la falta de algún miembro o el que muere lenta y agónicamente.
No
aprendemos nada de la muerte estando vivos y no nos enseñan a vivir la muerte
de alguna parte de nuestro cuerpo físico, sobreponerse, empezar a vivir otra
vez, son lecciones muy duras de nuestra existencia y que sin embargo muchos han
superado con creces.
¿Cómo
consolar a alguien por su pérdida? ¿Qué decirle? ¿Cómo pedirle en un momento de
oscuridad que vea luz, para el que se haya ido lo haga en paz?
La
muerte de un ser querido siempre será dolorosa, y ellos también sienten dolor
al ver nuestro sufrimiento. Es muy difícil ponerse en la piel de todos y cada
uno de los que pierden a alguien en una u otra circunstancia, pero sé que
tendrán que llorar mucho hasta vaciar ese dolor y hasta que puedan vivir con
esa pena.
Morimos
a cada momento, cada célula de nuestro cuerpo tiene su tiempo de vida, nuestro
cuerpo tiene una vida media de entre 7 y 10 años, al llegar a los 50, nuestro
cuerpo habrá muerto al menos unas 5 veces.


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