domingo, 5 de enero de 2014

MUERTE

2 de diciembre de 2013

Hoy se me ocurre hablar de la muerte, cerca está el día del fallecimiento de mi abuela Quirina, no recuerdo el día ni el año, sé que fué hace más de 14 años por estas fechas, el tiempo que llevo viviendo aquí, me cuesta mucho contabilizar el tiempo, en fin...

Yo no soy empática con la muerte, es algo que no siento en lo profundo, no sufro por el que muere, cuando murió mi abuela, no sentí ese profundo dolor que otros quizás sientan y no sé cómo debería expresar ante los demás ese sentimiento empático. ¿Se supone que debo llorar, desgarrarme? Pues no lo siento. Es como si algo en mis adentros me dijera. Mira qué bien, ya se fue a un lugar mejor, ya no va a sufrir más.

La muerte es algo que no veo con asombro, lo vivo con normalidad, me llega el llanto si, pero porque veo a otros llorar, mi empatía es por el que se queda, no por el que se ha ido.

Cuando murió mi abuela, mi padre cantó en su funeral y una prima mía fingió un desmayo, imagino que fue porque alguien debía llorar y ella asumió ese papel,  hasta que uno de mis hermanos le dijo que se dejara de hacer papelazos, ahí se acabó todo. No me enseñaron a llorar la muerte de otros, me enseñaron a llevarlos en el corazón con su recuerdo.

Esa madrugada, si porque en Cuba se velan los muertos toda la noche, esa madrugada no faltaron los cuentos de mis hermanos y las carcajadas de los otros, y las miradas inquisidoras del velatorio de al lado, vivimos su muerte como ella nos enseñó a vivir su vida, con alegría. Mi abuela Quirina era capaz de reunir para su cumpleaños, los fines de años, cada fin de semana que se le ocurriera y cada día de las madres,  a todos sus nietos y bisnietos que iban naciendo. Así era mi abuela, y no murió hasta que no llegó junto a su cama el último de sus nietos. Creo que nadie en la familia excepto una tía mía, su hija, sabe donde está su tumba, porque nunca más fuimos allí, no es así como la recordamos
                                                                   
La muerte llega, es un pacto concertado antes de la vida. El que muere por un accidente casi nunca se entera, sólo le sucede, peor es el que queda vivo y con la falta de algún miembro o el que muere lenta y agónicamente.

No aprendemos nada de la muerte estando vivos y no nos enseñan a vivir la muerte de alguna parte de nuestro cuerpo físico, sobreponerse, empezar a vivir otra vez, son lecciones muy duras de nuestra existencia y que sin embargo muchos han superado con creces.

¿Cómo consolar a alguien por su pérdida? ¿Qué decirle? ¿Cómo pedirle en un momento de oscuridad que vea luz, para el que se haya ido lo haga en paz?

La muerte de un ser querido siempre será dolorosa, y ellos también sienten dolor al ver nuestro sufrimiento. Es muy difícil ponerse en la piel de todos y cada uno de los que pierden a alguien en una u otra circunstancia, pero sé que tendrán que llorar mucho hasta vaciar ese dolor y hasta que puedan vivir con esa pena.

Morimos a cada momento, cada célula de nuestro cuerpo tiene su tiempo de vida, nuestro cuerpo tiene una vida media de entre 7 y 10 años, al llegar a los 50, nuestro cuerpo habrá muerto al menos unas 5 veces.


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